viernes, 21 de noviembre de 2008

Doce pasos para superar desengaños

1. Empapar la almohada mientras ves una peli triste/ escuchas canciones tristes/ ves fotos

2. Comerte todo el chocolate que tienes en casa, incluido el que no te pertenece y aguantar el dolor de barriga que viene después.

3. Hablar de tu desgracia con todo el que se presente por delante con ojos hinchados y cara de loca para que te diga "son todos iguales, no merece la pena".

4. Indignación absoluta por haber escuchado otra vez en tu vida la frase "no eres tú soy yo". Sacar defectos.

5. Irte a la cama a las seis de la tarde.

6. Comenzamos a resurgir de las cenizas... ir al gimnasio a quemar el chocolate.

7. Ya en el gimnasio ponerse esta canción en el MP3 mientras se hace bicicleta:



8. Llamar a una amiga para comentar de nuevo tu desgracia, esta vez mientras vas de compras.

9. Comprar lencería muuuuuy sexy.

10. Eliminar el contacto del messenger.

10. Ir de copas y ligar de forma compulsiva como si se fuera a acabar el mundo.

11. Dejar pasar el tiempo porque así y de forma natural...

12. deja de doler

jueves, 20 de noviembre de 2008

Las estrellas no tienen novio




Desde el autobús sigo tu silueta que se aleja y me veo hace ya quince años, en un patio demasiado grande, en una esquina, con mi libro. No me han cogido para jugar al fútbol porque me caigo siempre. En el fondo seguramente mi madre se alegrará de no tener que comprar otro par de leotardos azul marino.

Miro distraida a la anciana que quiere sentarse a mi lado. La ayudo. Me mira agradecida... En esta ciudad nadie se levanta cuando entra un anciano en el autobús y todos tienen demasiada prisa por no llegar a ninguna parte. Pero me estoy enamorando de ella. Es toda piedra y edificios en ruinas. Es una ciudad lírica donde los habitantes tienen la nariz demasiado grande y los brazos abiertos para los desconocidos.

De camino a casa me pregunto en qué momento descubrí que me había despertado de un letargo que había durado demasiado. En qué momento decidí dejarme llevar... Luego recuerdo una conversación en tu coche en la que me decías que mi problema era justamente ese. Que no me dejaba llevar. Puede ser que, según crecemos, nuestros dedos se queden agarrotados, aferrando las escaleras del trampolín antes de saltar. Porque en la mayoría de las ocasiones no hay agua debajo... Esta vez, de hecho, no había agua, sólo una voz dando un consejo que te lleva de nuevo al fondo seco y descolorido donde mueren las ilusiones. Donde yo las ahogo con una almohada, de noche, para que nadie las escuche y sepa que alguna vez estuvieron ahí.


Estampa del cielo
Las estrellas
no tienen novio.
¡Tan bonitas
como son las estrellas!
Aguardan a un galán
que las remonte
a su ideal Venecia.
Todas las noches salen
a las rejas,
¡oh, cielo de mil pisos!
y hacen líricas señas
a los mares de sombra
que las rodean.
Pero aguardad, muchachas,
que cuando yo me muera
os raptaré una a una
en mi jaca de niebla.
(Federico García Lorca)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Otoño en Roma

Las calles se llenan de hojas amarillas y verdes mientras cruzo el Tíber. En otoño, son los árboles los que hacen cada ciudad diferente de las demás. Siguen gustándome los jardines y no me canso de descubrir los que, esparcidos por Roma, esperan una tarde de lectura mía, una foto... al menos un paseo.

Ya me he acostumbrado al café y a los retrasos, uno tras otro. Anna me decía que hay que trabajar con la paciencia. Lo intento. A lo que no me acostumbro es a los romanos. Llegué aquí pensando que éramos como gotas de agua. Ahora me doy cuenta de que entenderlos es mucho más difícil de lo que parecía. Son la encarnación del caos. Nada de la dulzura o los piropos gratuitos que me vendían antes de venir.

Me dice Roberto, que pasa unos días conmigo, que a lo mejor es hora de dejarme claro que no vivimos en la Edad Media... Vivimos en una época en la que aún hay cantautores, poetas, músicos, pintores... personas que cultivan sentimientos. ¿Es posible que yo me tope con alguno aquí? ¿Somos los españoles que tenemos prejuicios o soy yo que me escandalizo si me proponen sexo sin apenas conocerme? Respirar... Abrir la mente... Respirar.

jueves, 30 de octubre de 2008

De la peripecia contra los carabinieri y el ardor de los comeflores



Mi día a día cada vez se parece más a una novela de Marian Keys. Después de ganar la batalla a la lavadora y de que mis recientes amigos me regalasen varios libros de cocina ahora desarrollo mi faceta profesional con desenvoltura.

Esta mañana sin ir más lejos estuve en la manifestación del sector educativo contra la reforma de la enseñanza. Como siempre que voy a este tipo de cosas me recorría una especie de escalofrío tipo "Al filo de la noticia" desde que me subí en el metro rodeada de hippies comeflores con banderines del PD. Claro, que la cosa cambió bastante cuando esos mismos hippies comeflores consiguieron que cerraran todas las bocas de metro e hicieron que tuviera que andar (léase, tropezar cada dos pasos con los codos en expansión, tipo baile del pollo) hacia la estación de Termini para enviar la crónica a tiempo... Algo evidentemente demsiado optimista, porque la crónica ha llegado casi media hora tarde.

Al menos no me han robado el monedero en el metro y no se han acercado a decirme amablemente que me fuera de allí, como hicieron el viernes en el Vaticano. Intenté recordar algún momento de aquella película en la que salían Nick Nolte y Julia Roberts para convencer al carabiniero de que la acreditación en aquella plaza tan grande donde no molestaba a nadie no hacía falta y si hacía falta yo no me había enterado. Debí parecerle lo suficientemente estúpida porque me dejó acabar la crónica e irme. Eso sí, me dijo que la próxima vez... le tenía que enseñar la famosa tarjetita identificativa.

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Por qué... por qué...?


En 1963 Rita Pavone sacó una canción que se convirtió en éxito "La partita di pallone". Muchos creerán que está pasada de moda pero esta mujer fue como Galileo, un genio precursor, una mujer que quería ir al fútbol con su novio y a la que éste dejaba sola sin motivo aparente. Una mujer que cantaba para las generaciones venideras.
El domingo pasado yo misma tuve una revelación mientras canturreaba el tema en mi cabeza... llevaba una horquilla con una mariposa en el pelo, tacones y un vestido negro... y me daba cuenta de que me habían plantado.
En este mundo en el que encontrar un hombre al que presumiblemente no se le va a caer el pelo en breve es tan difícil, aquellos que gozan de salud capilar sufren de pasotismo. Creen que si no se levantan por la mañana con una madeja en la almohada está todo hecho y no amigos. Ya sabemos que los calvos son seres crueles pero ahora descubrimos que un pelazo tampoco garantiza un mínimo de sensibilidad. Por eso Rita no hacía distinciones y los metía a todos en el mismo saco.

jueves, 16 de octubre de 2008

El cartero siempre llama dos veces


En mi rutina diaria está pasar por la oficina de correos al menos cinco veces. Normal si tenemos en cuenta que vivo en el edificio que hace esquina con la "posta". Al principio era divertido ver colas de gente esperando a que abriese o a sacar dinero en el cajero (porque aquí la posta resulta que también tiene un cajero ¿¿??) porque me imaginaba que eran hombres haciendo cola para venir a verme. Es lo que tiene lo que contaba el otro día del ego.

Ahora sin embargo estoy preocupada. Después de leer tanto sobre la camorra, ver la película que Italia llevará a los Oscar y saber que su autor se va del país porque quieren ponerle una bomba antes de Navidad me fijo en los detalles. Resulta que siempre que paso por esta oficina hay un tipo vestido de azul oscuro con gafas de sol y un mp3 que lleva unas 'doctor marteen' negras y que no se mueve en toda la mañana. No mueve ni una ceja vamos. Lo más curioso es que ¡lleva un chaleco antibalas!

¿El cartero? ¿El guardaespaldas del cartero? Después de emprender la maravillosa aventura de retirar una carta certificada he entendido que debe de ser el guardaespaldas de los que trabajan dentro. De hecho de una rubia pérfida que toma café tras café detrás del mostrador blanco. Esta mujer ciertamente tiene que estar amenazada de muerte por varios grupos mafiosos, terroristas y de amas de casa. Yo de hecho experimenté en mis propias carnes un deseo enorme de acabar con ella.

Llegaba yo con algo de prisa por eso de que me estaba esperando mi adorada vecina para llevarme a hacer la compra. Pensaba, ilusa, que tardaría unos cinco minutos en retirar la carta teniendo en cuenta que había tres personas a parte de mí. ILUSA. Después de sacar el papelito similar al de la frutería me di cuenta de que aquella malévola mujer que tenía que atenderme, en vez de dar al botón para que cambiase del P20 al P21 lo que hacía era meterse por una puertecita y salir con un café. Vi su cucharilla removerse con parsimonia mientras yo la miraba con ojos-escupe-fuego. Nada. Ni se inmutó. Después de un rato me acerqué y tras una amable charla accedió a atenderme. Media hora. Ni un minuto más ni uno menos fue lo que tardó en darme la maldita carta que al fin y al cabo tampoco era la que yo estaba esperando... No me extraña nada que ponga a su novio con chaleco antibalas en la puerta por si las moscas.

martes, 14 de octubre de 2008

Cómo te echo de menos

He aquí lo último que he visto de Muchachada Nui. En la lejanía siguen siendo unos genios. No sé si me gusta más que el de Ahmadinejad...