jueves, 8 de enero de 2009

Al Highlander indomable le gusta el Bingo


De vuelta en Roma cuando menos me apetecía volver y protagonizando el anuncio de "busco a Jacks" me arrepiento de haber elegido meter en mi bolso Ficciones de Borges antes que mi nueva adquisición procedente del amigo invisible (que tantas alegrías trae cada año) El Highlander indomable -foto-.

Me dice un gran profesional que Ficciones era su método para encantar jovenzuelas en el metro de Madrid y se ve que no le ha dado resultado porque en vez de atraer jovenzuelas ha acabado por tirar el anzuelo a una mujer que se perdió como yo la clase de los cables en la facultad y que aún no ha entendido que en la tienda de electrónica hay que pedir el cable macho-hembra y no hembra-hembra... Total que envueltos todos en lluvia tecnológica (porque aquí no para de llover) me ha comentado que el tal Highlander es un guerrero escocés que deberá elegir entre la pasión y la venganza y yo ahora pienso que podría haber buscado otro huequito en el bolso a pesar de que tengo la espalda como si hubiese estado un mes cargando melocotones.

En mi peripecia para hacerme con el canon - mini jack he conocido varios Djs romanos inútiles y he sufrido la tentación insana de comprar un Bingo para mi casa. No llevar teína en sangre me ayudó a pensar con frialdad y dejar el juego en la estantería con tristeza. ¿Con quién jugaría yo en la casa De Gregorio al bingo? Hay un porcentaje importante de ancianos en este edificio pero... ¿asistirían a jornadas de bingo? ¿podría incluirlas en mis sesiones de tortitas? En fin... no he renunciado a mi deseo y he convencido a las alemanas para ir todas al bingo una tarde. Ante su ignorancia les he dicho que es un lugar chic donde acuden millonarios y un juego de ingenio. Mejor vuelta de las vacaciones no puedo imaginar.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mary Poppins y el gorro de Papá Noel


Me decía el otro dia un romano que los antiguos habitantes de la capital creían que el Tíber era un dios y que está claro que este dios está bastante enfadado por algo, porque el río amenaza con desbordarse día sí y día también.

Para protegerse de las lluvias monzónicas el romano de a pie se hace con un paraguas-pararrayos que viene a ser un instrumento que cualquier esquimal adoptaría como iglú perfectamente. Ocupa toda la calle, algo que tampoco es tan difícil, y vives durante unos momentos al día en ese ambiente de "vita spericolata" al que le cantaba Vasco Rossi. Vamos que si no te sacan un ojo eres una persona afortunada. Mary Poppins ya hizo uso de un paraguas romano en la famosa película a la que dio nombre. Pero ella era un personaje cariñoso que no intentaba matar al deshollinador con tan letal arma. Gracias a eso Mary pudo participar también en Sonrisas y Lágrimas y ligarse a un capitán rico.

Mientras tanto he conseguido evitar mi aparición en los hogares españoles estas fiestas con un gorro de papá noel que hubiera hecho las delicias de niños y mayores. Hubiera sido mucho cambio si tenemos en cuenta que el año pasado posaba junto al Belén que canta con mi copa de champán toda elegante deseando una feliz navidad. Vaya por delante que el Belén que canta da miedo, pero más miedo dan las posibles represalias de los castañeros de Piazza Navona (unos timadores que te cobran el cucurucho de castañas a cinco euros y que no dejan su puesto de trabajo ni ante las amenazas de los carabinieri) a mi actuación con el susodicho gorro.

Aún bajo la lluvia he aprendido un nueva palabra (tocomocho) y he encontrado otro genio a admirar en las noticias, el gran Madoff.

Once

jueves, 27 de noviembre de 2008

Del Palazzo Brancaccio al Giardino degli Aranci


Cuando uno está por conocer a un diplomático siempre se imagina una persona con porte, carisma, don de gentes... Dotes todas en las que pensamos antes de saber si el diplomático en cuestión es uno de carrera o uno elegido a dedo.

Ayer mismo estaba yo con mi compañera de piso en un cocktail con diplomáticos y para uno que se acercó resultó ser de dedo, porque después de reiterar que el salón le parecía demasiado rococó dos veces (con largos silencios incómodos en medio) la miró y le preguntó "¿tú de que parte eres de España?". Ella, que es más rubia que Macauley Culkin respondió "di Francoforte".

Nada podía mejorar esta conversación por lo que, cuando apareció el de prensa (Anna pensó que quería ligar con ella, pero era el de prensa) me preguntó que si nos había llegado la documentación, Anna le dijo que ella venía conmigo y yo le dije "ho portato la mia compagna". Ante su reacción creo que mis palabras le crearon una duda razonable sobre si éramos un par de lesbianas internacionales.

Que me fuera antes de tiempo del evento tampoco es que le pareciera muy bien al susodicho pero yo bajé con prisa los escalones con alfombra roja sin perder ningún zapato. Me sentía en una película de Meg Ryan, cruzando un puente con un lago debajo y luces alrededor de los árboles.

Este fin de semana me espera recordar los cuadros de Caravaggio en tres iglesias y visitar el Giardino degli aranci.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Doce pasos para superar desengaños

1. Empapar la almohada mientras ves una peli triste/ escuchas canciones tristes/ ves fotos

2. Comerte todo el chocolate que tienes en casa, incluido el que no te pertenece y aguantar el dolor de barriga que viene después.

3. Hablar de tu desgracia con todo el que se presente por delante con ojos hinchados y cara de loca para que te diga "son todos iguales, no merece la pena".

4. Indignación absoluta por haber escuchado otra vez en tu vida la frase "no eres tú soy yo". Sacar defectos.

5. Irte a la cama a las seis de la tarde.

6. Comenzamos a resurgir de las cenizas... ir al gimnasio a quemar el chocolate.

7. Ya en el gimnasio ponerse esta canción en el MP3 mientras se hace bicicleta:



8. Llamar a una amiga para comentar de nuevo tu desgracia, esta vez mientras vas de compras.

9. Comprar lencería muuuuuy sexy.

10. Eliminar el contacto del messenger.

10. Ir de copas y ligar de forma compulsiva como si se fuera a acabar el mundo.

11. Dejar pasar el tiempo porque así y de forma natural...

12. deja de doler

jueves, 20 de noviembre de 2008

Las estrellas no tienen novio




Desde el autobús sigo tu silueta que se aleja y me veo hace ya quince años, en un patio demasiado grande, en una esquina, con mi libro. No me han cogido para jugar al fútbol porque me caigo siempre. En el fondo seguramente mi madre se alegrará de no tener que comprar otro par de leotardos azul marino.

Miro distraida a la anciana que quiere sentarse a mi lado. La ayudo. Me mira agradecida... En esta ciudad nadie se levanta cuando entra un anciano en el autobús y todos tienen demasiada prisa por no llegar a ninguna parte. Pero me estoy enamorando de ella. Es toda piedra y edificios en ruinas. Es una ciudad lírica donde los habitantes tienen la nariz demasiado grande y los brazos abiertos para los desconocidos.

De camino a casa me pregunto en qué momento descubrí que me había despertado de un letargo que había durado demasiado. En qué momento decidí dejarme llevar... Luego recuerdo una conversación en tu coche en la que me decías que mi problema era justamente ese. Que no me dejaba llevar. Puede ser que, según crecemos, nuestros dedos se queden agarrotados, aferrando las escaleras del trampolín antes de saltar. Porque en la mayoría de las ocasiones no hay agua debajo... Esta vez, de hecho, no había agua, sólo una voz dando un consejo que te lleva de nuevo al fondo seco y descolorido donde mueren las ilusiones. Donde yo las ahogo con una almohada, de noche, para que nadie las escuche y sepa que alguna vez estuvieron ahí.


Estampa del cielo
Las estrellas
no tienen novio.
¡Tan bonitas
como son las estrellas!
Aguardan a un galán
que las remonte
a su ideal Venecia.
Todas las noches salen
a las rejas,
¡oh, cielo de mil pisos!
y hacen líricas señas
a los mares de sombra
que las rodean.
Pero aguardad, muchachas,
que cuando yo me muera
os raptaré una a una
en mi jaca de niebla.
(Federico García Lorca)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Otoño en Roma

Las calles se llenan de hojas amarillas y verdes mientras cruzo el Tíber. En otoño, son los árboles los que hacen cada ciudad diferente de las demás. Siguen gustándome los jardines y no me canso de descubrir los que, esparcidos por Roma, esperan una tarde de lectura mía, una foto... al menos un paseo.

Ya me he acostumbrado al café y a los retrasos, uno tras otro. Anna me decía que hay que trabajar con la paciencia. Lo intento. A lo que no me acostumbro es a los romanos. Llegué aquí pensando que éramos como gotas de agua. Ahora me doy cuenta de que entenderlos es mucho más difícil de lo que parecía. Son la encarnación del caos. Nada de la dulzura o los piropos gratuitos que me vendían antes de venir.

Me dice Roberto, que pasa unos días conmigo, que a lo mejor es hora de dejarme claro que no vivimos en la Edad Media... Vivimos en una época en la que aún hay cantautores, poetas, músicos, pintores... personas que cultivan sentimientos. ¿Es posible que yo me tope con alguno aquí? ¿Somos los españoles que tenemos prejuicios o soy yo que me escandalizo si me proponen sexo sin apenas conocerme? Respirar... Abrir la mente... Respirar.