sábado, 14 de febrero de 2009

De la superación de un "test introspectivo" y la celebración de San Faustino



Después de leer en Internet que San Faustino (santo que el año pasado Tomás y yo celebramos como santo de la amistad y la soltería -idea nada original por lo que he visto-) fue martirizado con un pepino, me doy cuenta de que la red es amplia, sus misterios son insondables y hay mucho desgraciado que escribe chorradas (para muestra, un botón).

Pero la red no sólo da penas, ya lo decía el cantante de Tam Tam Go hace años como un profeta cuando cantaba a su cibernovia ("¿para qué quiero más si me das lo que puedo querer?" -- ¿¿¿estaba loco??? ¿¿era fraile cuando escribió esto??). Yo confieso: la semana pasada me tomé el calabacín con tomate en el que consistía mi cena frente al ordenador y últimamente chateo como una loca y escucho canciones nuevas (incluso canciones inspiradas en el circo, para lo que queda una).

He sido sometida a un artilugio psicológico novedoso. Se trata del "test introspectivo" y consiste en aguantar estoicamente que agredan tu imaginación con la posibildad de un futuro espantoso. Si no huyes creo que ganas que te traigan un desayuno a la cama. En dicho test se me presentaba la tremenda situación de asistir como "tiffosa" a un partido de fútbol de treintañeros con esposas y carritos de bebé... Lo trágico del asunto es que si el partido fuera mañana iría (con los pelos como escarpias, pero iría) seguramente hasta pegando brinquitos por la calle y silbando.

Así, me contratan como secretaria la semana en la que descubro que no sé lo que es la base imponible, me enamoro por Internet tras reirme de forma reiterada (y a sus espaldas) de mi prima cuando me presentó a su novio-conocido-en-un-chat y me apunto a una grada con esposas. Nunca digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre.

martes, 20 de enero de 2009

Dame una Corona más...



Esta canción se la escribieron a una persona a la que quiero mucho. "Ojalá nunca cambie esa forma que tienes de estar en el mundo"

lunes, 19 de enero de 2009

De los merodeadores ("Noche de ronda")

A la izquierda y con sudadera amarillo-pollo el capo narcotraficante Salvatore Zazo, detenido en Barcelona el sábado pasado. A la derecha, con sudadera azul y cara pixelada el carabiniero. Puede parecer que la manita que el carabiniero pone tras el brazo del narco es para que no se escape pero yo creo que la manita es para hacerse la foto.

El carabiniero se retrata con el narco como lo haría cualquier otro varón que ha ido de caza y ha vuelto a casa con una buena pieza para la cena. Cierto es que ninguno de los dos es corresponsal porque están bien alimentados.

Ayer el carabiniero pasó a formar parte de mi elenco de seres antipáticos. El género carabiniero me vaciló sin piedad y acabé sin ver el concierto al que había ido y cantándole las cuarenta a dos de ellos en españo-italiano (porque el español suena como más agresivo y alemán todavía no sé hablar).

El carabiniero pertenece a la especie "hombre-merodeador" que es una variante del "anciano de parque comedor de pipas". El merodeador se pasea como labor principal. Puede pasearse y gritar improperios, pasearse erguido dándose importancia o pasar cien veces en veinte minutos por delante tuyo mientras grabas una crónica. Éste último me inquieta, incluso más que el que finge hacer footing cuando realmente corre haciendo círculos a tu alrededor con expresión curiosa.

Pidamos a los cielos al menos que uno de estos corredores me ayude a atrapar al gitano rumano que le pone ojitos a mi bolso si decide algún día hacerse con él.

jueves, 15 de enero de 2009

De la verdad de la frase "me sale más barato comprarte un vestido que invitarte a cenar"


He aquí la imagen de la discordia. Momento fotografiado en una noche berlinesa de julio y utilizado después para ahuyentar ligues potenciales por parte de mi amiga Sol. Aunque parezca que acabé con las existencias del bar, realmente sólo había pedido un cóctel y un helado...

A pesar de que sé que levantaré ampollas entre los varones españoles con esta afirmación (por alguna razón odian a los hombres que no mujeres itaianos con bastante pasión), entiendo que a las mujeres les atraigan los italianos.

El italiano de a pie ha sido educado por la italiana. La italiana le ha enseñado que para tocarle un pelo tiene que realizar una inversión de tiempo y dinero, tiene que abrir la puerta y dejarla pasar antes que él, pagar la cena, ofrecerle el abrigo si hace algo de frío y saber esperar. Emprende un "corteggiamento", palabra que a mí personalmente me suena a lo que debió de hacer mi abuelo con mi abuela antes de dejarla embarazada de mi tío.

La española llega a este país y, siempre con el miedo a ahogarse por las intensas lluvias, ve como el italiano, que en general dice veinte mentiras por minuto, la trata como si no hubiera otra mujer en el mundo. A la española eso le gusta... Le llama la atención que la acompañen siempre a casa en coche y le paguen las cenas. Eso sí, el italiano suele acabar revelándose como lo que es tarde o temprano (nada bueno)... Yo sólo digo que el espíritu este del cortejo tiene su gracia y sí... sale más barato comprarme un vestido que llevarme a cenar.

jueves, 8 de enero de 2009

Al Highlander indomable le gusta el Bingo


De vuelta en Roma cuando menos me apetecía volver y protagonizando el anuncio de "busco a Jacks" me arrepiento de haber elegido meter en mi bolso Ficciones de Borges antes que mi nueva adquisición procedente del amigo invisible (que tantas alegrías trae cada año) El Highlander indomable -foto-.

Me dice un gran profesional que Ficciones era su método para encantar jovenzuelas en el metro de Madrid y se ve que no le ha dado resultado porque en vez de atraer jovenzuelas ha acabado por tirar el anzuelo a una mujer que se perdió como yo la clase de los cables en la facultad y que aún no ha entendido que en la tienda de electrónica hay que pedir el cable macho-hembra y no hembra-hembra... Total que envueltos todos en lluvia tecnológica (porque aquí no para de llover) me ha comentado que el tal Highlander es un guerrero escocés que deberá elegir entre la pasión y la venganza y yo ahora pienso que podría haber buscado otro huequito en el bolso a pesar de que tengo la espalda como si hubiese estado un mes cargando melocotones.

En mi peripecia para hacerme con el canon - mini jack he conocido varios Djs romanos inútiles y he sufrido la tentación insana de comprar un Bingo para mi casa. No llevar teína en sangre me ayudó a pensar con frialdad y dejar el juego en la estantería con tristeza. ¿Con quién jugaría yo en la casa De Gregorio al bingo? Hay un porcentaje importante de ancianos en este edificio pero... ¿asistirían a jornadas de bingo? ¿podría incluirlas en mis sesiones de tortitas? En fin... no he renunciado a mi deseo y he convencido a las alemanas para ir todas al bingo una tarde. Ante su ignorancia les he dicho que es un lugar chic donde acuden millonarios y un juego de ingenio. Mejor vuelta de las vacaciones no puedo imaginar.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mary Poppins y el gorro de Papá Noel


Me decía el otro dia un romano que los antiguos habitantes de la capital creían que el Tíber era un dios y que está claro que este dios está bastante enfadado por algo, porque el río amenaza con desbordarse día sí y día también.

Para protegerse de las lluvias monzónicas el romano de a pie se hace con un paraguas-pararrayos que viene a ser un instrumento que cualquier esquimal adoptaría como iglú perfectamente. Ocupa toda la calle, algo que tampoco es tan difícil, y vives durante unos momentos al día en ese ambiente de "vita spericolata" al que le cantaba Vasco Rossi. Vamos que si no te sacan un ojo eres una persona afortunada. Mary Poppins ya hizo uso de un paraguas romano en la famosa película a la que dio nombre. Pero ella era un personaje cariñoso que no intentaba matar al deshollinador con tan letal arma. Gracias a eso Mary pudo participar también en Sonrisas y Lágrimas y ligarse a un capitán rico.

Mientras tanto he conseguido evitar mi aparición en los hogares españoles estas fiestas con un gorro de papá noel que hubiera hecho las delicias de niños y mayores. Hubiera sido mucho cambio si tenemos en cuenta que el año pasado posaba junto al Belén que canta con mi copa de champán toda elegante deseando una feliz navidad. Vaya por delante que el Belén que canta da miedo, pero más miedo dan las posibles represalias de los castañeros de Piazza Navona (unos timadores que te cobran el cucurucho de castañas a cinco euros y que no dejan su puesto de trabajo ni ante las amenazas de los carabinieri) a mi actuación con el susodicho gorro.

Aún bajo la lluvia he aprendido un nueva palabra (tocomocho) y he encontrado otro genio a admirar en las noticias, el gran Madoff.

Once